Hace ya muchos años me escribió un argentino que había vivido en España, Flavio Rein. Era una de las personas que había consumido el medicamento Lipobay, también llamado Baycol, de la compañía Bayer. Muchas personas murieron tras tomarlo antes de que se retirase del mercado en 2001. Sólo en nuestro país el propio laboratorio reconoció cien muertes. En conjunción con otro fármaco provocaba rabdomielosis, rotura de los músculos. Han trascurrido catorce años entre la fecha en la que tomó el medicamento y ahora que por fin ha ganado el juicio a la multinacional.

Diez años de lucha en los tribunales que Bayer quiso evitar intentado comprarle con una importante suma de dinero. Él se negó. Estaba empobrecido, con un 70% de minusvalía, cansado y dolido, pero no aceptó. Flavio es de esas pocas personas que ante un daño enorme causado por una farmacéutica no se amilana, no se conforma con una indemnización a espuertas, extrajudicial, que es lo que suele ocurrir casi siempre y tira para adelante hasta que se haga Justicia. He conocido pocas personas así, hay que ser muy valiente.

La de Flavio es la segunda sentencia por este caso en todo el mundo. La primera de la que tengo constancia se produjo en España y la consiguió un abogado con el que en Bufete Almodóvar & Jara hemos trabajado en nuestro área de medicamentos, Bufete RAM-Reacciones Adversas a los Medicamentos.

La justicia argentina ha condenado a la multinacional a pagar a Flavio una indemnización de más de un millón de pesos (más de 183.000 euros)Durante el juicio, Rein y su abogada, la española criada en Argentina Patricia Venegas, demostraron que el laboratorio alemán distribuyó en Estados Unidos el Lipobay con un prospecto que advertía eventuales efectos adversos, información que eludió en su presentación en Argentina. Así lo ha ratificado la sentencia. Es decir, Bayer engañó a los argentinos, los tomó por boludos, como dicen en aquellas tierras, pero este maradonita de la farmacopea les metió un buen gol por la escuadra.

Anteayer me escribía Flavio contento, como sabéis los argentinos tiene un voz poética en la sangre y a uno casi le dan ganas de llorar cuando lee las palabras de este hombre dañado pero digno. Me agradecía que yo dedicara un capítulo al caso Lipobay en mi primer libro, Traficantes de salud. Cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad. También dediqué uno a Bayer. Ahora, de mejor humor tras la sentencia, me escribía:

“Después de 14 años de lucha ya no creo que sea la justicia sólo una batalla, ahora en adelante comienza la guerra y como muy buen estratega el dinero me lo dio el enemigo para poder seguir adelante en nuestra lucha que es ni más ni menos que el bienestar de la gente“.

Me alegro Flavio, te lo mereces, eres un luchador y, aunque no quisieras, representas a quienes fallecieron por Lipobay/Baycol y a tantas personas marcadas para siempre por productos defectuosos y comercializados a sabiendas que lo eran. Hay muchos como sabes: Vioxx, Agreal, prótesis mamarias… y los que vendrán pues, como sabemos, esta práctica continúa.