Colea todavía en los tribunales el Caso Agreal. A comienzos de mes el Tribunal Supremo (TS) ha desestimado el recurso presentado por la farmacéutica Sanofi Aventis, con lo que ha ratificado la condena al laboratorio por los “efectos adversos” del fármaco Agreal, indicado para tratar la menopausia y retirado en España tras 22 años comercializándose (no así en varios países de América Latina en los que continúa su nociva venta). Las sentencias en este caso, por lo general, están compensando a las víctimas de manera ridícula por no escribir insultante. En la que aludimos en esta publicación, el Supremo da por bueno el fallo de la Audiencia de Barcelona, que en marzo de 2009 obligó a la farmacéutica a indemnizar con 55.600 euros a una quincena de mujeres: 3.706 euros por cada vida destrozada.

Esto me hace preguntarme ¿cuánto vale la vida de una persona dañada por fármacos? ¿Cómo se mide en euros el sufrimiento de las personas? El Servicio Navarro de Salud (SNS) ha sido condenado a indemnizar con 250.000 euros a una mujer embarazada por el fallecimiento de su bebé cuando la gestación se había prolongado más allá de las cuarenta semanas. 250.000 euros frente a los 400.000 solicitados por la demandante. El tribunal ha tenido en cuenta que se trataba de “la muerte de un feto cuya gestación había concluido” por lo que la ha equiparado con la de un recién nacido. Pese a sostener que “la pérdida de un hijo nunca puede ser enteramente compensada” entiende que esta cantidad es “adecuada” y “cubre, en lo posible, el daño moral sufrido”.

El primero es un caso de sobremedicación, tomar medicamentos para una no enfermedad. El segundo de falta de atención y cuidado en una fase de la vida de la mujer, el embarazo y parto, medicalizada en extremo. Vaya contradicción de funestas consecuencias. Todo esto hace que algunos médicos íntegros (cada día engordan sus filas) digan cosas como:

“La medicina basada en la evidencia ha llegado a su final“.

Encuentro algo exagerada la frase. Dicho enfoque es sensato y justo aunque sufra contradicciones. Es cierto, por ejemplo, que a la hora de investigar y registrar un nuevo medicamento, eso que llamamos “el sistema” beneficia a las grandes compañías (es algo que ya tenía claro pero comienzo a ver “desde dentro” ahora que nos salen clientes interesados en estos aspectos legales que no suelen ver la luz). De aquellas lluvias estos lodos.