El Ministerio de Sanidad español impulsa el cribado de cáncer de colon con su incorporación a la cartera básica de servicios. La medida, que puede entenderse como benéfica, tiene detractores porque se encuentra en el grupo de medidas “preventivas” que producen más daños que beneficios. Los cribados del cáncer de colon consiguen aumentar el número de pacientes diagnosticados pero no disminuyen la mortalidad.
 
Se parte de la determinación de “sangre oculta en heces”. Sin ninguna duda, como ocurre con todo cribado, tal determinación permite separar a los individuos probablemente sanos de los probablemente enfermos. A estos últimos se les somete a pruebas diagnósticas, en este caso, a la colonoscopia, la prueba diagnóstica en el cribado del cáncer de colon
 
El cribado mediante colonoscopia produce, en manos expertas, una hemorragia copiosa cada 150, una perforación cada 1.500 y una muerte cada 10.000. En personas que antes de hacerse la prueba estaban sanas (no sé si debo escribir presuntamente sanas porque a este paso no vamos a quedar personas que nos consideremos sanas).
 
Un artículo publicado en Gaceta sanitaria por el especialista en Salud pública Andreu Segura y titulado Cribado del cáncer colorrectal: No es lo mismo predicar que dar trigo, ni se empieza la casa por el tejado, mantiene que: 
“una estrategia basada en la prevención primaria, ya que las beneficiosas consecuencias de una alimentación saludable y de una actividad física moderada, además de la posible reducción de la incidencia del cáncer colorrectal, contribuirían a prevenir otras enfermedades y mejorarían la salud, entendida como capacidad de gozar más plenamente la vida“.
Pero el Ministerio apuesta por la vía medicalizadoramente preventiva o preventivamente medicalizadora. Médicos como Juan Gérvas, también en Gaceta sanitaria, afirman con rotundidad que los cribados de cáncer no tienen fundamento científico, que más vale dedicar los recursos a cosas útiles. 
 
A su entender hace falta  menos cribado y más cuidado.